Estilo de Vida Moda

En busca de un diseño extroardinario

Lo que se esperaba de él era lo más sencillo para tener asegurado el éxito: estudiar administración porque tanto su papá como todos sus tíos son muy reconocidos en esa profesión. Y así fue. Ante el impedimento familiar de dedicarse a otra cosa y en otro lugar, estudió un año de la carrera de Comercio Internacional en el puerto de Veracruz. Se sintió asfixiado y eso lo orilló a dejar su tierra natal.

Fue entonces cuando Xavier Loránd (Veracruz, 1988) vendió su auto, compró un boleto de avión y, con una mano adelante y otra atrás, aterrizó en Londres, la capital del Reino Unido, en donde vivió durante tres años en los que hizo de todo: desde mudancero hasta ayudante de obra –pintar, quitar alfombras y papel tapiz, actividades de ese tipo– para un despacho que hacía remodelaciones de casas. Su única certeza inmediata era que debía ser autosuficiente porque, cuando dejó su casa, le advirtieron sus padres: “Chaparrito, aquí se acaba todo”.

Y Xavier Loránd se marchó a construir su futuro.

Un día, de manera fortuita, empezó a trabajar en un bar que estaba de súper moda y en donde inesperadamente se topó con un nuevo camino: el diseño industrial. Resultó que, durante la cata de una ginebra, el embajador de la marca comentó, así de pasada, que había un concurso que consistía en diseñar un vaso y una bebida. Con su exjefe de barra –que casualmente también había sido diseñador industrial—, la marca dejó una caja con arcilla para modelar, una libretita para bocetos y la invitación al evento. Cuando terminó la cata, Xavi Loránd –así firma actualmente sus diseños– bajó a la oficina para decir que quería participar en ese concurso. Su exjefe nada más se rio y le soltó un: “No, hombre, si tú ni estudios tienes”. El joven tenía 19 años. Admite que tal vez fue un poquitín arrogante porque respondió de inmediato: “Si me das la invitación, te aseguro que yo gano el concurso”.

Xavi no fue el ganador, pero su propuesta quedó entre las cinco mejores del Reino Unido y la compañía mandó a fabricar sus vasos. Ése fue, dice, el parteaguas que le salvó la vida. Investigó más sobre el tema, siguió ahorrando y decidió el siguiente paso: estudiar la carrera de Diseño de Producto en España porque ese país ofrecía educación gratuita, incluso para los extranjeros como él.

Después de revalidar el bachillerato, fue aceptado en el politécnico de Valencia, pero no pudo matricularse. Sin embargo, Xavi continuó trabajando y ahorrando como loco, ahora con los ojos puestos en el reputado Instituto Europeo de Diseño, campus Madrid, cuyo único inconveniente era que, por ser una institución educativa privada, con sus ahorros sólo le alcanzaría para pagar el 70 por ciento de la carrera y nada más. Cuando su padre conoció sus planes y la suma que el futuro diseñador había ahorrado en ese tiempo,“se fue de nalgas” –la expresión del diseñador es muy elocuente– y no dudó en apoyarlo para cumplir su sueño gracias al sorprendente empeño que había puesto.

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